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Cultura en tiempos de pandemia

Columna publicada en El Universal

¿Qué pasaría si no hubiera música, películas, libros y arte a los cuales recurrir en estos días de cuarentena?, es una pregunta que he visto circular constantemente por las redes sociales.

No puedo imaginarme un encierro como el que estamos viviendo sin esos escapes. Y, sin embargo, aún se sigue poniendo en tela de juicio la importancia de no dejar que la cultura muera, de rescatar las salas de cine que posiblemente cerrarán en muchas ciudades del mundo y de lo fundamental de las ayudas para no asfixiar a nuestros artistas, esas personas que nos regalan la posibilidad de explorar otros mundos, de visitar distintas realidades y lo más importante, de reflexionar.

Hace unas semanas el cineasta británico Christopher Nolan, director de Dunkirk, le escribió una carta al Congreso de Estados Unidos en la que le imploraba que no dejara de ayudar a la industria cinematográfica más potente del mundo.

“Cuando esta crisis pase, la necesidad de la participación colectiva humana, la necesidad de vivir, amar, reír y llorar juntos, será más poderosa que nunca”, apuntaba en la carta abierta que le publicó el diario The Washington Post.

Y es que es en los momentos de crisis como éstos en donde lo esencial empieza a dejar de ser invisible y se manifiesta con claridad ante nuestros ojos. Como la gran necesidad de mantener vivo al periodismo objetivo, veraz y ético. De contar con fuentes, cronistas y buscadores de la realidad que nos transmitan lo que está pasando sin filtros políticos o económicos, en dónde la profesión vuelve a recobrar su pulso vital tan desgastado y golpeado por la hiper información a la que estamos expuestos con la tecnología.

Siempre he sido una romántica de esta profesión, una fiel creyente de que sólo a través de una escritura limpia, curtida a base de esfuerzo y honestidad, se pueden combatir a grandes enemigos como el ego de los mandatarios, las trampas de los poderosos o los discursos masivos dictados por las agendas interesadas.

Y es en momentos de esta zozobra cuando el periodismo más puro se vuelve esencial para respirar y encontrar los caminos, para acompañar a los líderes que logran tomar las riendas y vigilar a los que las sueltan. Para ser ese cuarto poder que regula los gritos de los que mandan y darle la voz a los más indefensos.

También para eso está la cultura, para darnos oxígeno y recordarnos que somos más fuertes de lo que pensábamos, para vernos reflejados en esos héroes y en esas víctimas, para reírnos muy fuerte cuando al corazón lo están apretando demasiado o ayudar a que fluyan esas lágrimas que se han secado de tanto retenerlas ¿Quién no se ha refugiado en las historias o en la música estos días? ¿Quiénes han estado ahí para contarnos lo que está ocurriendo más allá de nuestras cuatro paredes de confinamiento?

Cuando todo pase y volvamos a las prisas del día a día no olvidemos lo que se nos reveló como esencial y no dejemos de protegerlo porque de otra forma no habremos aprendido nada y, cuando llegue la siguiente pandemia, seremos más vulnerables.

Hay películas que no saben envejecer

Columna publicada en El Universal

Bien decía Iñárritu en la entrevista que me dio en Cannes mientras fungía como presidente del Jurado del prestigioso festival de cine que el tiempo es el único juez verdadero en cuestión cinematográfica pues hasta que las cintas no envejecen no sabes si realmente son obras maestras y merecían ser premiadas.

No podía tener más razón pues aunque es algo que todos tenemos en la teoría fue algo que me tocó experimentar con claridad hace unos días. El escenario: una escapada a la casa de campo de unos amigos en las afueras de NY en donde tres parejas con hijos nos reunimos. Después de una cena contundente y muchas risas, la noche lluviosa se antojaba para ver una película. Apetecía seguir riendo y después de un par de búsquedas fallidas se me ocurrió elegir una cinta inglesa de 2004 que recordaba como divertida.

Tras una hora esperando la gran ocurrencia, el chispazo o esa carcajada colectiva me di cuenta de que la trama no sólo no me hacía ninguna gracia sino que incluso habían cosas que me parecían de mal gusto. Mi primera reflexión fue preguntarme si el problema era yo, pues más de una década después, las personas cambiamos, nos endurecemos y ¿por qué no decirlo?, nos amargamos. Pero después de preguntar a mis amigos si les había dado la misma impresión y tras coincidir conmigo en varios puntos llegué a la conclusión de que efectivamente, hay películas hechas para el momento y otras para la eternidad. Filmes que son rompedores en su día y que conectan con la audiencia se quedan vacíos y fuera de contexto después pero hay otros que puedes ver cinco, 10, 20 años más tarde y no sólo siguen vigentes, sino que los vuelves a disfrutar como la primera vez.

¿Será que el sentido del humor sufre más con el paso del tiempo que el drama? ¿Las cosas que nos hacen reír dependen del contexto, de lo que nos sacude, nos parece grotesco, diferente o nos genera vergüenza? ¿Depende de la sociedad y de cómo, según ésta cambia, se normalizan cosas que antes eran impensables y cuando eso ocurre nos dejan de parecer graciosas? ¿O esos miedos que antes sentíamos lejanos y de los que nos reíamos empiezan a quedarnos más cerca y entonces, ya no es tan hilarante verlos, aunque sean en una sátira?

Lo cierto es que cada vez que tengo la fortuna de disfrutar de una buena comedia salgo feliz y agradecida del cine pues es cierto eso que tanto ha defendido Woody Allen —y muchos otros directores— acerca de que es más difícil hacer reír que llorar.

También esto me rearma una gran verdad y es que cuando una película es redonda permanece, pese a los contextos, las arrugas con las que las vemos y lo fresco o cansado de la mirada.

No se puede dejar de lado la parte subjetiva porque el cine que nos enamora a final de cuentas es el espejo de los sentimientos que de alguna manera resuenan con nosotros. Hay mucho de tu ADN en todos los filmes que han hecho eco en ti. Cuando las personas te cuenten cuáles son las películas que les han dejado huella pregúntales por qué y tendrás una pincelada de su propio mapa emocional.

El MoMA de NY se reinventa con el cine como hilo conductor

Columna publicada en El Universal

Tras cinco años de obras y planeación, el “nuevo” MoMA por fin abrió las puertas de su ala oeste al público esta semana con una renovación revolucionaria, en donde el prestigioso museo de arte moderno le da un espaldarazo al cine convirtiéndolo en uno de los grandes protagonistas del recinto y en el hilo conductor de sus instalaciones y salas.

Con este proyecto, el famoso museo neoyorquino apuesta por un diálogo más humano y cercano con el espectador.

“Las películas de Warhol como Blow Job (1964), Kiss (1964) y Sleep (1963) sin lugar a dudas son el verdadero tesoro que el MoMA posee de este artista”, apuntó Rajendra Roy, curador del proyecto y quien agregó que la revitalización del museo responde “a una nueva era en donde no tenemos que golpear a la gente en la cabeza para que entienda que toda la colección que se ve en las salas está relacionada y se comunica de forma interdisciplinaria”

Es precisamente a través del séptimo arte con el que el MoMA ha buscado acercar a las personas a un diálogo más vivo y humano con el espectador. Un oportuno golpe en la mesa con el que esta prestigiosa Institución le dice al mundo que apuesta por el futuro del cine tan cuestionado hoy en día.

Todos ellos estarán siempre en comunicación y harán referencia, de alguna forma, a las obras de la sala y lo que se busca con esto es darle al espectador la oportunidad de experimentar las creaciones desde diversas perspectivas y a través de distintos estímulos.

MÁS ESPACIO EN LAS GALERÍAS

Es decir, que La noche estrellada (Van Gogh), Las señoritas de Avignon (Picasso), El baile (Henri Matisse), La persistencia de la memoria (Dalí), One (Jackson Pollock), Interior holandés (Miró), La lata de sopa Campbell (Warhol) o Los amantes (Magritte), por mencionar sólo a algunas de las obras maestras, siguen ahí pero en salas distintas y creando nuevos diálogos con las creaciones vecinas.

El nuevo diseño también logró optimizar los espacios para hacerlos más flexibles y poder contar con una tecnología más sofisticada. Se puede decir que es un MoMA más abierto, más luminoso, recreativo y pensado para poder conquistar a las nuevas generaciones acostumbradas a la simultaneidad de temas.

Marie-Josée and Henry Kravis Studio es otro nuevo espacio dedicado a los performances en medio de la colección permanente, con un programa que cambiará cada mes; son 2 mil pies cuadrados que convierten a este lugar en el primero dedicado a estas actividades y completamente integrado en un museo desde su galería central.

OBRAS COMISIONADAS Y UNA NUEVA ADQUISICIÓN

Desde su fundación en 1929 como una institución educativa, el MoMA se ha enfocado en ser el museo puntero de arte moderno del mundo y es por ello que las renovaciones han sido algo constante e imprescindible desde su creación.

EL ENORME ACERVO

Se dice que es imposible saber cuántas de las obras que posee aún no han sido expuestas. La librería y los archivos del museo contienen la mayor concentración de material de investigación de arte moderno en el mundo y cada departamento de curadores mantiene abierto un centro de estudios disponible para los estudiantes e investigadores.

 

Gael García te recomienda…

A Gael García le encanta leer. De hecho, nos contó que suele tener siempre varios libros de diferentes temas que va descubriendo a la vez.

Es un artista inquieto al que le gustan desde los clásicos hasta los ensayos más actuales.

Después de presentar en la Berlinale Museo, la nueva cinta de Alonso Ruizpalacios (Güeros) que protagoniza junto a Leonardo Ortizgris y que se llevó el Oso de Plata a mejor guión, Gael nos contó cuáles son los libros que lo acompañan a todas partes en esta etapa de su vida y por qué nos recomienda leerlos.

No te pierdas este vídeo exclusivo en el que Un mundo de cine pudo hablar en exclusiva con la estrella que pronto podrás ver en la cinta Dolores del director argentino Gonzalo Tobal.