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Hay películas que no saben envejecer

Columna publicada en El Universal

Bien decía Iñárritu en la entrevista que me dio en Cannes mientras fungía como presidente del Jurado del prestigioso festival de cine que el tiempo es el único juez verdadero en cuestión cinematográfica pues hasta que las cintas no envejecen no sabes si realmente son obras maestras y merecían ser premiadas.

No podía tener más razón pues aunque es algo que todos tenemos en la teoría fue algo que me tocó experimentar con claridad hace unos días. El escenario: una escapada a la casa de campo de unos amigos en las afueras de NY en donde tres parejas con hijos nos reunimos. Después de una cena contundente y muchas risas, la noche lluviosa se antojaba para ver una película. Apetecía seguir riendo y después de un par de búsquedas fallidas se me ocurrió elegir una cinta inglesa de 2004 que recordaba como divertida.

Tras una hora esperando la gran ocurrencia, el chispazo o esa carcajada colectiva me di cuenta de que la trama no sólo no me hacía ninguna gracia sino que incluso habían cosas que me parecían de mal gusto. Mi primera reflexión fue preguntarme si el problema era yo, pues más de una década después, las personas cambiamos, nos endurecemos y ¿por qué no decirlo?, nos amargamos. Pero después de preguntar a mis amigos si les había dado la misma impresión y tras coincidir conmigo en varios puntos llegué a la conclusión de que efectivamente, hay películas hechas para el momento y otras para la eternidad. Filmes que son rompedores en su día y que conectan con la audiencia se quedan vacíos y fuera de contexto después pero hay otros que puedes ver cinco, 10, 20 años más tarde y no sólo siguen vigentes, sino que los vuelves a disfrutar como la primera vez.

¿Será que el sentido del humor sufre más con el paso del tiempo que el drama? ¿Las cosas que nos hacen reír dependen del contexto, de lo que nos sacude, nos parece grotesco, diferente o nos genera vergüenza? ¿Depende de la sociedad y de cómo, según ésta cambia, se normalizan cosas que antes eran impensables y cuando eso ocurre nos dejan de parecer graciosas? ¿O esos miedos que antes sentíamos lejanos y de los que nos reíamos empiezan a quedarnos más cerca y entonces, ya no es tan hilarante verlos, aunque sean en una sátira?

Lo cierto es que cada vez que tengo la fortuna de disfrutar de una buena comedia salgo feliz y agradecida del cine pues es cierto eso que tanto ha defendido Woody Allen —y muchos otros directores— acerca de que es más difícil hacer reír que llorar.

También esto me rearma una gran verdad y es que cuando una película es redonda permanece, pese a los contextos, las arrugas con las que las vemos y lo fresco o cansado de la mirada.

No se puede dejar de lado la parte subjetiva porque el cine que nos enamora a final de cuentas es el espejo de los sentimientos que de alguna manera resuenan con nosotros. Hay mucho de tu ADN en todos los filmes que han hecho eco en ti. Cuando las personas te cuenten cuáles son las películas que les han dejado huella pregúntales por qué y tendrás una pincelada de su propio mapa emocional.

La primera vez…

Siempre hay una “primera vez” en un festival. Ese que te deja huella porque te pasa TODO. Cada festival es un mundo y se vuelve fascinante navegarlos e ir desentrañando sus secretos.

Y aunque no cambiaría por nada esta sensación de que esas pequeñas burbujas se han convertido en un lugar muy entrañable (y cómodo) para mí, tras muchos años de recorrido, a veces recuerdo con nostalgia aquellas épocas en las que subirme al avión y llegar a la Mostra, a Cannes o a Berlín era una mezcla de enigma y aventura.

Este artículo que escribí para la revista VUELO hace muchos años me gusta porque describe bien lo que es esa “burbuja festivalera” y además es una especie de homenaje a la revista extinta que me dio lo más importante: un buen espacio para escribir de lo que quisiera pero sobre todo, buenos editores y amigos…

Así es un festival de cine

El genio Francis Ford Coppola

Esta leyenda viviente del cine acababa de presentar Tetro en Cannes cuando concedió una entrevista a varios medios internacionales entre ellos El Universal para quien cubro el Festival galo desde hace una década.

Hablábamos de su legado, de cómo sus hijos también estaban siguiendo sus pasos en el cine cuando entró Roman Coppola a la terraza en la que estábamos, Mr. Francis levantó una ceja y añadió, en voz alta, para que su hijo lo escuchara, “pero ya saben, sólo puede haber un genio en la familia”. Roman no sonrió y siguió de largo.  

A continuación la nota que publiqué en El Universal.

Coppola defiende la verdad de su cine en Cannes

CANNES.— Una de las grandes figuras que engalanan esta edición del Festival de Cannes es sin duda Francis Ford Coppola, que presentó Tetro, el filme con el que se dio por inaugurada la sección paralela a la Sección Oficial conocida como Quincena de realizadores.
El mítico director, acompañado de su nueva musa, Maribel Verdú, y su descubrimiento, el joven Alden Ehrenreich en la terraza del hotel Noga Hilton, habló con la prensa:

“Amo el cine y lo que implica su realización, es mi vida y lo que me motiva cada día”, a la vez que aseguró que a pesar de que Tetro es una cinta con algunos tintes de inspiración biográficos y para la que tomó elementos de su familia. “Nada de lo que ocurre en la historia es real, pero insisto en que a pesar de eso, todo es verdad. Las cosas no tienen que ser reales para ser verosímiles. Es quizá ahí en donde se encuentra el punto de inflexión del cine y en las licencias que como director te puedes permitir para hacer una película creíble”.

Acerca de la polémica surgida al no tener su cinta en la Competición Oficial, no dudó en confesar: “Yo lo que quería es que Tetro pudiera competir en Cannes. Al ser una cinta independiente me parecía lo más apropiado pero el festival no lo consideró así. Y, aunque la organización del mismo me propuso una fórmula muy glamourosa para la cinta con alfombra roja y demás, yo sentí que lo adecuado era que Tetro estuviera en la Quincena de de realizadores. A mí no me importa desfilar con esmoquin frente a miles de fotógrafos, me importa que la película pueda competir libremente y ganarse su lugar dentro de la crítica y la audiencia en general”, aclaró.

Maribel Verdú nos contó lo que significó trabajar con el director de El Padrino y Drácula, “es un genio. Te sorprende a cada minuto y hace que alucines en el set con los movimientos de cámara y la serie de locuras que tiene reservadas para todos los actores”.

Para el joven Alden Ehrenreich, ser elegido por Coppola es algo que cambiará su carrera, “aún no puedo creer que me llamara para hacer esta cinta. Cuando supe que filmaría con él reconozco que sentí que algo cambiaría en mi vida”.

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