Autor: Alejandra Musi

Con serie, Winona busca la reflexión

Entrevista publicada en El Universal

Winona Ryder protagoniza The plot against America, la nueva serie del canal HBO creada por David Simon y basada en el libro homónimo de Philip Roth, en el que se hubiera hecho su contrincante Charles Lindbergh, simpatizante de los nazis y del fascismo.

En entrevista exclusiva con EL UNIVERSAL a su paso por la alfombra roja en la premier en el Teatro Florence Gould Hall de Nueva York, Winona explicó su interés por esta serie que se estrena esta noche a las 22:00 horas por HBO.

“Una de las razones por las que muchos de los que formamos parte de este proyecto quisimos hacerlo es por cosas como las que están pasando en la frontera ahora mismo. Y es que Frank (Roosevelt) probablemente hoy sería un dreamer. Es realmente momento de hablar, de que la gente se haga escuchar y la forma de hacerlo es votando para terminar estas políticas y atrocidades que están sucediendo con niños siendo capturados en la frontera y atrapados en jaulas.

“Eso estaba muy presente en mi mente cuando David Simon, con quien he trabajado en otras ocasiones, vino a mí con este proyecto. Yo soy una gran fan de Philip Roth y amé este libro y nunca pensé que sería tan relevante en la actualidad pero lo es, tristemente”.

Mostrando con orgullo el libro de Roth, Ryder consideró que ya hemos tenido suficiente.

“Espero que logremos hacer que la gente salga a votar”, agregó.

Sobre lo complicado que es encontrar historias comprometidas y profundas para interpretar, señaló:

“Es realmente difícil, mucho, y agradezco profundamente a David Simon por estas oportunidades. Yo creo que todos le estamos muy agradecidos: desde Zoe (Kazan), Morgan (Spector), Anthony (Boyle) y todos aquí, incluyendo los niños de la serie que, por cierto, son fenomenales”, dijo emocionada.

“Puedes ver qué sensible me pongo al tocar el tema pero es que es algo muy importante y esta serie es de lo que más orgullosa me siento de haber hecho en mi carrera”, armó.

David Simon comentó que si se lee el libro de Roth, se darán cuenta de que es un perfecto ejemplo de lo que actualmente estamos viviendo políticamente.

Roth en su historia mostraba el antisemitismo de los años 40 y la vulnerabilidad de los judíos americanos que escaparon del holocausto en la Segunda Guerra Mundial y la auténtica amenaza histórica que Lindbergh representaba de ganarle a Roosevelt en 1940.

Pero también, dijo, es una alegoría de nuestros tiempos en el sentido de cómo se juzga hoy a poder.

“Hoy en día el antisemitismo está resurgiendo porque en cualquier parte en donde se permita la intolerancia se permite el odio”.

La película que deberíamos escribir

Columna publicada en El Universal

Llevamos décadas viendo en las pantallas del cine imágenes dolorosas y brutales de la violencia que existe en nuestro país. 

Historias que han reflejado la gran descomposición social que se vive en México y que han causado conmoción. 

Sin embargo, con tristeza, esta semana comprobamos que lo que hemos visto en la gran pantalla y tanto nos perturba no ha logrado imaginar hasta dónde puede llegar el horror de la realidad. 

El asesinato de la pequeña Fátima ni el guionista más oscuro hubiera podido escribirlo, no se hubiera atrevido a pesar de ser ficción. 

Y sin embargo, es una historia que ha ocurrido. ¿Qué tiene que pasar en una sociedad para permitir esto?

Sobrecoge el corazón y sacude reflexionar respecto al tema. 

Ahora la pregunta es, ¿hasta cuándo? ¿Será otra muerte de la que hablemos durante días en las redes sociales hasta que ocurra otra y otra y otra más? 

Si estuviéramos en una película hollywoodense es aquí cuando estaríamos esperando que surgiera el héroe, el respiro en la historia, el giro que nos llevara a un final feliz porque no soportaríamos seguir viendo esta trama si no hay algo de lo que podamos agarrarnos. 

Aquí es donde viene el trabajo de nosotros como personas y como sociedad de pensar, ¿qué vamos a hacer para darle sentido a estos hechos? ¿Qué acciones, valores, comunidades, asociaciones pueden ser nuestros héroes? ¿Hacia dónde vamos a dirigir todo este dolor? 

Necesitamos construir nuevos caminos, posibilidades y herramientas. 

A mí me gustaría escribir un guión para México en donde no haya cabida para la indiferencia ni el egoísmo y a raíz de tocar fondo con este asesinato se viera cómo va surgiendo una fuerza poderosísima que se va haciendo más fuerte que el villano. 

Una manifestación tan potente de rechazo a lo que ocurre ante la cual los políticos de todos los partidos no puedan hacer más que escuchar. 

Comunicadores, escritores, celebridades, artistas, empresarios, financieros unidos para desatar una gran campaña contra la violencia que mueva a las personas en masa a sumarse a los pequeños esfuerzos que juntos sean infinitos, en donde todos podamos parar un segundo y saber que esto es urgente, importante y que si no hacemos algo hoy, seguirá pasando. 

Un proyecto realizado por el experto italiano en infancia, Francesco Tonucci, explicó cómo las sociedades más seguras son aquellas en las que los niños pueden ir caminando solos a sus casas desde el colegio y estar en las calles porque eso indica que hay una comunidad que los cuida, en la que los adultos son confiables y donde si algún chico de la tribu está en problemas alguien sin duda acudirá a ayudarlo. 

Mi película tendría ese final, el de un México en el que las personas después de tanto dolor han decidido decir basta y crear entornos seguros, en donde una pequeña Fátima al salir de la escuela llega a su casa porque la mujer que le tiende la mano es su protectora. 

El filme que ya no soporto es el que al terminar nos deja con el nudo en la garganta y el estómago revuelto. 

La película que tristemente no hemos podido dejar de escribir y ver en nuestras pantallas. 

¡Basta ya!

Hablar del pasado es actual

Columna publicada en El Universal.

Difiero en absoluto de quienes piensan que mirar hacia el pasado no tiene aprendizajes para la actualidad. La frase que se le ha atribuido a Confucio y Napoleón Bonaparte que dice que “aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla” no podría ser más cierta.

Últimamente he escuchado muchas quejas acerca de cómo el cine se ha volcado demasiado en explorar situaciones de otras épocas o en hacer ciertos remakes dejando al lado la modernidad. Para mí, la clave está en analizar a profundidad qué remake se está haciendo y qué tema se está revisitando.

Porque sí, Mujercitas, a pesar de haber sido escrita en 1868 por Louisa May Alcott, aún habla de muchas cosas que siguen sucediendo y de temas que son vigentes. No es extraño pues, que a pocos años del #MeToo y de que se den a conocer cifras de escándalos de cómo en el siglo XXI sigue existiendo el techo de cristal y una desigualdad salarial para las mujeres en la gran mayoría de los países del mundo, Mujercitas y esa Jo que sueña con vivir de su escritura resuene en muchas madres e hijas.

Sobra decir que el mundo está lleno de Megs, Amys, Beths y Marmees. Y lo cierto es que es bello poder ver esas historias envueltas en vestuarios y escenarios de otra época que por más lejana que esté, conecta y dice algo valioso hoy en día.

Qué decir de las películas de guerra. “¿Otra más?”, es la pregunta que he escuchado constantemente. Otra más, pero ojo, que si se trata de 1917 o de Jojo Rabbit no nos están diciendo algo nuevo sino que nos están recordando algo importante: la guerra duele, el odio destruye, los extremos son peligros. Alrededor de los días en que 1917 se estrenó en salas, la crispación entre Estados Unidos e Irán estaba llegando al límite en el que nadie descartaba el inicio de la tercera guerra mundial.

Así es que no puedo pensar en un tema más vigente y oportuno que en el de ambas películas, porque cuando las personas piensan que ya basta de hablar de Hittler, surge una película que de forma brillante nos vuelve a recordar lo que pasa con el fascismo. En una Europa cada vez más polarizada, con los gobiernos de extrema derecha ganando cada vez más terreno, es importante recordar lo que ocurre cuando estos llegan al poder.

El cine está hecho para entretenernos, sí, pero también para provocarnos la reflexión, para actuar como un espejo y plasmar lo que nos ocurre y lo que no hemos aprendido y tenemos que volver a vivir una y otra vez aunque sea a través de la ficción.

Y sí, también hay cintas que buscan la taquilla fácil, que carecen de contenido y de invención, que pueden estar disfrazadas de tecnología, de temas “actuales” y de aseveraciones superficiales. La calidad y profundidad de las mismas no tiene que ver con el año en el que se sitúan, la época que les da contexto o el tema que se está abordando sino con cómo lo hacen, hacia dónde te llevan.

En ese sentido, mirar al pasado no podría ser más progresista.

Los diseños de Chiapas toman pasarelas de NY

Entrevista publicada en El Universal

Alberto López promueve textiles artesanales; planea impulsar oficio entre niños Indígenas

Nueva York.— En plena efervescencia de la Semana de la Moda de esta capital estadounidense, el diseñador chiapaneco Alberto López llegó a la Ciudad de los Rascacielos para ofrecer algo muy poco desarrollado en la industria neoyorquina: el textil artesanal.

“Me he dado cuenta de que en Nueva York existe una gran variedad de diseñadores muy interesantes pero todo se trabaja con telas industriales, casi no hay un trabajo artesanal y es por ello que creo que mis diseños han gustado tanto y llamado la atención”, comenta el creador, quien charló en exclusiva con EL UNIVERSAL.

El encuentro se realizó en el restaurante MAD Morton, en el legendario Village de Manhattan, donde este 7 de febrero presentará sus diseños en una cena-show íntima y exclusiva. Desde que aterrizó en la Gran Manzana, Alberto ha sido muy solicitado.

Su agenda no se detiene ahí, pues el 8 de febrero presentará otro desfile en la galería René Soto, en Norwalk, Connecticut, y el 10 de febrero Alberto llegará al famoso barrio de Williamsburg, en Brooklyn, donde mostrará su colección en un entorno muy exclusivo.

“Estar en Nueva York es algo que jamás imaginé poder hacer y todavía hay muchas cosas que tengo que digerir. Pero es muy inspirador este viaje, me he dado cuenta de todas las posibilidades que hay y de todo el trabajo por hacer”, dice el originario de Aldama, Chiapas.

Asegura que lo más importante es seguir trabajando para cambiar la vida de su comunidad.

“Mi sueño es lograr abrir una especie de museo y casa de cultura en la que los niños y jóvenes aprendan diseño textil, en donde puedan profesionalizarse y mejorar sus vidas. Me encantaría lograr una mejor educación para la gente de mi entorno. Para esos niños que van a la escuela sin nada, con sus libros en la mano y descalzos, pero que a través del aprendizaje de un oficio pueden cambiar su futuro porque de ahí es de donde yo vengo. Ese es mi objetivo y lo que me mueve a hacer todo lo demás”, dice.

Algo a destacar es la gran acogida y ayuda que le ha dado al diseñador la comunidad mexicana en Nueva York. Los empresarios como Daniel Arellano Martínez, de San Bartolo Mezcal Artesanal, el productor Kwan Salazar, la artista Sandra Soto y el modelo Jaime Bajonero, todos ellos afincados en esta ciudad, han sido pieza clave para orquestar la exitosa agenda del talento chiapaneco que también estuvo presente en la sede de la Organización de las Naciones Unidas; se reunió con el cónsul de México y tiene pendiente un encuentro con Anne-Claire Legendre, la Cónsul General de Francia en Nueva York, pues en marzo próximo se espera que Alberto viaje al país galo para seguir con el proyecto de internacionalización de sus textiles.

Alberto asegura que viajar con sus diseños le ayuda a “llamar la atención hacia el potencial con que cuenta la comunidad indígena y su talento”.

En el backstage de “El cascanueces”

Artículo publicado en El Universal

Este año, mis hijas de seis y nueve años tuvieron la suerte de formar parte de esta gran puesta en escena que hace unos días llegó a su fin en el Teatro Palace de Stamford. La emoción de esta oportunidad pronto se convirtió en estrés al descubrir la complejidad de la logística de los ensayos, pues aunque ambas participaran, sólo unos minutos eran parte de un todo que está cronometrado al milímetro.

Al principio me molestó darme cuenta de que no podría evitar la cancelación de nuestros planes pero asumí que habíamos hecho un compromiso con el ballet y que por más incómodo que me pareciera, tenía que enseñarle a mis hijas la importancia de cumplirlo.

El resultado de tanta disciplina y esfuerzo fue espectacular. Y entonces agradecí la lección, tan clara, tan viva, que experimentamos en este proceso mi familia y yo: la de comprobar de forma tan evidente los resultados del esfuerzo, de la renuncia, de las noches de desvelo, del cansancio, de la paciencia y de entender que para conseguir grandes cosas todas las piezas del engranaje son cruciales. En un mundo en el que todo es inmediato, en el que se valora tanto la individualidad y en el que la satisfacción instantánea se aplaude y a la que se accede tan fácilmente, poder encontrar a un hombre como Mr. Raphael y el equipo de personas que lo acompañan en esta titánica labor fue inspirador.

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Un gran año para el cine

Columna publicada en El Universal

Es un recuento que suele ser de 10 filmes y que, por lo general, al llegar al octavo o noveno puesto empiezas a dudar si realmente esa película merecería estar en un ranking tan exigente. Este año me ocurrió lo contrario.

La pantalla grande, tan cuestionada en tiempos del streaming demostró que sigue siendo una experiencia colectiva necesaria y capaz de motivar al público.

Mientras que todos los oráculos apostaban a un virtiginoso apocalipsis del cine, de forma inesperada y muy deseada, tuvimos doce meses de buena cinematografía que no se detendrá, pues aún están por llegar a México en los primeros meses de 2020 piezas destacables y que darán batalla en los Oscar como la dirigida por Greta Gerwig, Mujercitas, o Bombshell (El Escándalo), de Jay Roach, cuya historia de acoso sexual del entonces CEO Roger Ailes de Fox News y la cultura del abuso de poder no pudo estrenarse en las salas de Estados Unidos en mejor momento que el mismo día en el que todas la portadas del planeta anunciaban el impeachment a Donald Trump.

La lección de su director surcoreano Bong Hoon Ho acerca de cómo sí es posible crear historias con la profundidad, complejidad y maestría capaz de conquistar a los críticos pero a la vez hacer filmes entretenidos y cercanos a la audiencia es una bocanada de aire fresco.

Parasite además tiene el acierto de tocar un tema urgente y que impulsa a los resortes humanos de cualquier sociedad actual del globo terráqueo como lo es la desigualdad social.

Mientras unos tengan tanto y otros tan poco no podremos vivir en armonía.

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Elegir ser feliz no es fácil

Columna publicada en El Universal

Me preparé con emoción para decorar mi stand de forma atractiva y que motivara a los adolescentes en búsqueda a venir a hablar conmigo. Llevé montones de libros, pósters, gadgets y me vestí con una gran sonrisa. A mí lado izquierdo estaba un policía que era un antiguo financiero de Wall Street, “que ganaba mucho dinero pero estaba muerto de aburrimiento”, me contó el padre de tres hijos que un día decidió cambiar radicalmente de profesión. “Y ahora soy muy feliz, pero me llevó 20 años atreverme a hacer lo que quería”, remató.

Y es que todo suena ideal hasta aquí ¿verdad? Pero lo cierto es que esto de buscar los sueños y elegir lo que te hace feliz en un mundo capitalista no es tan sencillo. Puedo decir que durante la hora y media que estuvimos ahí, los niños que se acercaban y miraban con curiosidad a quienes ofrecíamos profesiones no tan “rentables” tenían una sola preocupación en sus mentes: “¿Y se puede vivir bien de ésto?”. Esa fue la pregunta que me hicieron una y otra vez aquellos jóvenes a quienes les han hecho creer que lo importante es encontrar algo que te deje dinero.

Por eso es que es clave no matar ese impulso, esa punzada que te dice hacia dónde te quieres dirigir pese a todo el ruido que hay alrededor. Y en esas estaba cuando un profesor del colegio se acercó a mí en una pausa, me dio una palmada en la espalda y me dijo, “te felicito por seguir haciendo periodismo cuando ya nadie lo quiere hacer”.

Estaba atrapada en esos pensamientos cuando llego una niña, con su libreta de mariposas, sus gafas rojas y su curiosidad. “¿Te gusta escribir?” Le pregunté. “¡Me fascina!”, respondió. Y se quedó conmigo en el stand.

“Mujercitas” se adapta a conflictos actuales

Artículo publicado en El Universal

La cinta muestra la maternidad como algo complicado, aseguró la actriz Laura Dern

El filme es protagonizado por actrices reconocidas como Saoirse Ronan (Jo Mach), Emma Watson (Meg March), Florence Pugh (Amy March), Eliza Scanlen (Beth March), Laura Dern (Marmee March) y Meryl Streep (Aunt March).

No todas las protagonistas se detuvieron a hablar con los medios de comunicación. Laura Dern, quien interpreta a la madre de las cuatro jóvenes March, describió como “fácil y disfrutable” haber trabajado con estas figuras de Hollywood: “además de todo el talento que poseen, tuvimos oportunidad de pasar muchísimo tiempo juntas y convertirnos en grandes amigas”.

La actriz consideró que lo valioso de esta cinta —que se prevé sea estrenada el 25 de diciembre en Estados Unidos y en México— radica en poder retratar cómo las mujeres también están aprendiendo a no saberse madres perfectas.

Un episodio que marcó la carrera de Laura Dern fue el que protagonizó con Ellen DeGeneres el 30 de abril de 1997. En “The Puppy Episode” (El episodio cachorro), Laura interpretó al amor romántico del alter ego de DeGeneres, quien salió así del armario.

“Haber estado ahí en esos momentos en los que dijo esas palabras por primera vez en su vida y ver cómo el que lo compartiera también cambió la de muchas personas es algo que me tocó para siempre y por lo que le estaré siempre agradecida”, recordó la estrella.

El episodio ganó los premios Emmy al Mejor guión de comedia y a la Mejor edición. Además de un premio Peabody y DeGeneres obtuvo el premio GLAAD en 1998.

Ha sido nominada al Oscar como Mejor actriz por su trabajo en la película El precio de la ambición y al Oscar a la Mejor actriz de reparto por Alma salvaje.

Hay películas que no saben envejecer

Columna publicada en El Universal

Bien decía Iñárritu en la entrevista que me dio en Cannes mientras fungía como presidente del Jurado del prestigioso festival de cine que el tiempo es el único juez verdadero en cuestión cinematográfica pues hasta que las cintas no envejecen no sabes si realmente son obras maestras y merecían ser premiadas.

No podía tener más razón pues aunque es algo que todos tenemos en la teoría fue algo que me tocó experimentar con claridad hace unos días. El escenario: una escapada a la casa de campo de unos amigos en las afueras de NY en donde tres parejas con hijos nos reunimos. Después de una cena contundente y muchas risas, la noche lluviosa se antojaba para ver una película. Apetecía seguir riendo y después de un par de búsquedas fallidas se me ocurrió elegir una cinta inglesa de 2004 que recordaba como divertida.

Tras una hora esperando la gran ocurrencia, el chispazo o esa carcajada colectiva me di cuenta de que la trama no sólo no me hacía ninguna gracia sino que incluso habían cosas que me parecían de mal gusto. Mi primera reflexión fue preguntarme si el problema era yo, pues más de una década después, las personas cambiamos, nos endurecemos y ¿por qué no decirlo?, nos amargamos. Pero después de preguntar a mis amigos si les había dado la misma impresión y tras coincidir conmigo en varios puntos llegué a la conclusión de que efectivamente, hay películas hechas para el momento y otras para la eternidad. Filmes que son rompedores en su día y que conectan con la audiencia se quedan vacíos y fuera de contexto después pero hay otros que puedes ver cinco, 10, 20 años más tarde y no sólo siguen vigentes, sino que los vuelves a disfrutar como la primera vez.

¿Será que el sentido del humor sufre más con el paso del tiempo que el drama? ¿Las cosas que nos hacen reír dependen del contexto, de lo que nos sacude, nos parece grotesco, diferente o nos genera vergüenza? ¿Depende de la sociedad y de cómo, según ésta cambia, se normalizan cosas que antes eran impensables y cuando eso ocurre nos dejan de parecer graciosas? ¿O esos miedos que antes sentíamos lejanos y de los que nos reíamos empiezan a quedarnos más cerca y entonces, ya no es tan hilarante verlos, aunque sean en una sátira?

Lo cierto es que cada vez que tengo la fortuna de disfrutar de una buena comedia salgo feliz y agradecida del cine pues es cierto eso que tanto ha defendido Woody Allen —y muchos otros directores— acerca de que es más difícil hacer reír que llorar.

También esto me rearma una gran verdad y es que cuando una película es redonda permanece, pese a los contextos, las arrugas con las que las vemos y lo fresco o cansado de la mirada.

No se puede dejar de lado la parte subjetiva porque el cine que nos enamora a final de cuentas es el espejo de los sentimientos que de alguna manera resuenan con nosotros. Hay mucho de tu ADN en todos los filmes que han hecho eco en ti. Cuando las personas te cuenten cuáles son las películas que les han dejado huella pregúntales por qué y tendrás una pincelada de su propio mapa emocional.

El juicio a Trump: Merecemos un final a lo Tarantino.

Columna publicada en El Universal

El miércoles 13 de noviembre comenzaron las audiencias televisadas del juicio político a Donald Trump. El primer día permanecí pegada a la pantalla las casi seis horas que duró la transmisión siendo testigo de un gran espectáculo histórico y vertiginoso.

Todo el tiempo tuve la sensación de estar viendo una de esas películas en las que la acción transcurre en una sala en la que los testigos son cuestionados por las partes a favor y en contra del acusado y el guión juega contigo llevándote hacia un lado y otro del péndulo sin tregua. Es curioso lo que ocurre cuando una situación se pone frente a una cámara pues de inmediato adquiere otro carisma, es como si esa distancia entre el espectador y la pantalla de la televisión le diera una cierta sensación de irrealidad a lo que estamos viendo porque todo se convierte en un espectáculo.

No cabe duda de que esa siempre ha sido la gran baza de Trump, lograr llevarlo todo a ese lugar en el que la agenda no son los hechos, sino lo que se hace parecer de ellos.

Ante el auge de las fake news algo que ha surgido como contracorriente son las noticias catárticas, sí, las que hablan de lo que nos gustaría que pasara o que de tan absurdas subrayan la realidad. Se me ha vuelto indispensable leer el llamado The Borowitz Report que es el newsletter de The New Yorker que se especializa en parodiar las noticias. “Not the news” es su lema.

Una reacción ante el espectáculo en el que se ha convertido la política mundial, pues cada vez más los futuros de los países dependen de qué tan histriónico es un político y cómo interpreta a su personaje. El juicio televisado al Presidente de los Estados Unidos es la cumbre de una era hipermediática en la que resulta una paradoja ver cómo lo que Trump más ataca, los medios de comunicación, son precisamente quiénes podrían rescatarlo o hundirlo según se desencadene el “show”.

No es la primera vez que Estados Unidos asiste a un gran juicio transmitido por televisión. Uno de los casos más famosos fue el de O.J. Simpson en 1994 en donde durante los once meses que duró el juicio se estima que más de 95 millones de personas siguieron las acusaciones y réplicas en vivo y en directo convirtiéndolo en el llamado juicio del siglo.

Independientemente de cuál sea el resultado de todo este proceso estamos siendo testigos de algo histórico cuyos hechos probablemente veremos en unos años en la pantalla grande. Me gusta fantasear con la idea de que será un proyecto dirigido por alguien como Oliver Stone o Steven Soderbergh.

Por obvias razones el papel de Donald Trump se lo doy a Alec Baldwin. Mi denunciante ideal sería Daniel Day-Lewis y como algunos de los Republicanos aferrados en demostrar lo contrario y defender al Presidente a toda costa pondría a Liam Neeson, Stanley Tucci o Steve Carell.

Lo único que pido es un final a lo Tarantino, apoteósico, con catarsis incluida y en donde los corruptos y prepotentes acaben pagando porque si no lo logramos tener en la realidad, nos lo merecemos en la ficción.