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Este es el espacio de la periodista de Alejandra Musi

Aquí encontrarás un compendio de mis colaboraciones
y coberturas de festivales de cine a nivel mundial.

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  • 2020

  • Cómo aprender a vivir entre cuatro paredes

    Columna publicada en El Universal

    Grand Central estaba casi vacío y Broadway apagó sus luces por tiempo indefinido. La imagen desoladora de Times Square que hubiera sido impensable hace apenas dos semanas se hizo realidad de forma vertiginosa.

    La ciudad que se caracteriza por sus restaurantes, bares y ocio colgó los carteles de cerrado por todas partes: museos, peluquerías, spas. Todo se detuvo.

    Y nos metimos a nuestras casas, con los niños aprendiendo a distancia y la tecnología más presente que nunca.

    Pero la vida no se detiene y después de varias jornadas de angustia y de dar vueltas por la casa torpemente se empiezan a encontrar nuevas formas de conectar.

    Las estrellas de Broadway no han dejado de cantar, por ejemplo, y hace dos días comenzaron a ofrecer conciertos en vivo desde plataformas creadas para sobrevivir a la pandemia a ambos lados de la pantalla.

    Lo mismo pasó con los museos que dan tours virtuales a sus salas, la Opera Metropolitana que ofrece sus programas en streaming y los cientos de webs que dan ideas para entretener a los pequeños que revolotean por la casa.

    Entretenimiento sobra, lo que hace falta es encontrar nuevas rutinas que nos ayuden a pasar las horas sintiendo que seguimos respirando.

    Lo que estamos aprendiendo los que llevamos algunas semanas de ventaja en esto del confinamiento es que hay estrategias que son clave para sobrevivir al día a día más allá de la tecnología y es la de buscar un nuevo orden.

    Sí, hay que tener horarios y disciplina incluso cuando la tentación de quedarse más tiempo en la cama es muy grande o cuando parece el mejor momento para darse un atracón de series.

    Los que tenemos hijos hemos encontrado alivio en la escuela a distancia porque a pesar de que los padres tenemos que compaginar el trabajo con habernos convertido en profesores de la noche a la mañana ellos agradecen tener actividades claras y eso al final es lo que empieza a traer la calma.

    Entre cuatro paredes también se aprende cómo dar abrazos y tomar cafés por videoconferencia, se extraña a los verdaderos amigos y se empieza a hacer limpieza de armarios pero también mental. Se van borrando listas de cosas por hacer, compromisos y personas.

    Se vuelven a hacer rompecabezas, a buscar libros qué leer y recetas que cocinar a fuego lento.

    El ejercicio se vuelve vital para mantenernos con la mente clara y los días en que se tiene más fuerza de voluntad y comemos sano comprobamos que estamos más equilibrados.

    También se ríe más en las comidas familiares en donde ya no hay prisas, empiezan a surgir conversaciones para las que antes no había lugar en la agenda, se piensa más, se siente más.

    Y nos empezamos a dar cuenta de las cosas que nos sobraban y con las que de verdad queremos vivir.

    El confinamiento es una especie de pausa en el mundo. Y se tienen días muy malos, sí. Desesperantes, también. Pero lo que nos permite seguir adelante son los buenos, esos en los que tenemos la certeza de que somos más fuertes de lo que pensábamos y de que esto pasará.

    Porque así será: pasará.

  • ¿Hemos visto demasiadas películas apocalípticas?

    Columna publicada en El Universal

    Quizá te sientas familiarizado con esta imagen que se ha hecho muchas veces en el cine de una presentadora de televisión avisando del surgimiento de una nueva enfermedad que pronto se convertirá en una pandemia y empezará a matar a todos, hasta a los personajes con los que ya te habías encariñado y pensabas que el guionista no se atrevería a tocar.

    También hay las que te muestran lo que ocurre después de la gran catástrofe y a lo que tienen que enfrentarse los sobrevivientes.
    Ambas historias son aterradoras y juegan con el miedo más primitivo y auténtico que todos tenemos: a lo desconocido. Por eso son tan poderosas. Y sí, mientras te voy describiendo estas escenas seguro te habrán venido a la mente imágenes de películas como Contagion, Children of men, Blindness, 28 days later, entre mucha otras de una extensa lista que has ido acumulando en tu memoria.

    Lo cierto es que a ese miedo tan primario que el cine ha retratado a veces muy bien y otras no tanto, hay que añadirle la noción que tenemos hoy en día de lo letal que es estar en un mundo globalizado en el que todo viaja de forma vertiginosa.

    Lo más peligroso en estos casos de pánico global no es la situación que lo causa en sí misma sino el miedo al miedo que ésta genera (valga la redundancia).

    Con el surgimiento del coronavirus estamos viviendo una muestra clara del peligro de la sobreinformación en la que estamos inmersos actualmente y que causa tanta confusión.

    En una misma mañana puedes leer una nota en donde se arma que la OMS ha aceptado que el virus era más grave de lo que se creía y otra en la que el ángulo científico es que el virus no causa tantas muertes como la gente cree.

    Y entonces, ¿con qué te quedas? Con el pánico de las personas que se va expandiendo y contagiando a otras de histeria llevándolas a vaciar los supermercados, dejando sin mascarillas a toda la comunidad médica y llenando los armarios de desinfectante.

    Estos días Nueva York y alrededores parecía una auténtica película en donde hordas de gente acudían en masa a los supermercados para llenar sus carritos hasta el tope de arroz, frijoles, latas de atún, agua y rollos de papel higiénico (cada quien sus preocupaciones).

    Las escuelas, trabajos e instituciones empezaron a avisar planes de contingencia en caso de que la situación se complicara. Y es que sin saberlo, toda la gente ya estaba contagiada. Sí, de miedo.

    Un efecto dominó en el que cuando ves a todos llenar sus despensas empiezas a cuestionarte: “¿seré yo la que está equivocándose al no hacer nada?” Entonces viene a la cabeza la imagen de algún personaje que nunca pensó que lo que estaba ocurriendo era realmente grave y de cómo tú al verlo desde afuera deseabas gritarle que se diera cuenta de lo que era tan obvio.

    Es la diferencia entre realidad y ficción: en la segunda sabes que todo acabará; en la primera no tienes ni idea de lo que sigue y eso nos tiene desconcertados, no conocemos el final y nada es obvio.

  • Con serie, Winona busca la reflexión

    Entrevista publicada en El Universal

    Winona Ryder protagoniza The plot against America, la nueva serie del canal HBO creada por David Simon y basada en el libro homónimo de Philip Roth, en el que se hubiera hecho su contrincante Charles Lindbergh, simpatizante de los nazis y del fascismo.

    En entrevista exclusiva con EL UNIVERSAL a su paso por la alfombra roja en la premier en el Teatro Florence Gould Hall de Nueva York, Winona explicó su interés por esta serie que se estrena esta noche a las 22:00 horas por HBO.

    “Una de las razones por las que muchos de los que formamos parte de este proyecto quisimos hacerlo es por cosas como las que están pasando en la frontera ahora mismo. Y es que Frank (Roosevelt) probablemente hoy sería un dreamer. Es realmente momento de hablar, de que la gente se haga escuchar y la forma de hacerlo es votando para terminar estas políticas y atrocidades que están sucediendo con niños siendo capturados en la frontera y atrapados en jaulas.

    “Eso estaba muy presente en mi mente cuando David Simon, con quien he trabajado en otras ocasiones, vino a mí con este proyecto. Yo soy una gran fan de Philip Roth y amé este libro y nunca pensé que sería tan relevante en la actualidad pero lo es, tristemente”.

    Mostrando con orgullo el libro de Roth, Ryder consideró que ya hemos tenido suficiente.

    “Espero que logremos hacer que la gente salga a votar”, agregó.

    Sobre lo complicado que es encontrar historias comprometidas y profundas para interpretar, señaló:

    “Es realmente difícil, mucho, y agradezco profundamente a David Simon por estas oportunidades. Yo creo que todos le estamos muy agradecidos: desde Zoe (Kazan), Morgan (Spector), Anthony (Boyle) y todos aquí, incluyendo los niños de la serie que, por cierto, son fenomenales”, dijo emocionada.

    “Puedes ver qué sensible me pongo al tocar el tema pero es que es algo muy importante y esta serie es de lo que más orgullosa me siento de haber hecho en mi carrera”, armó.

    David Simon comentó que si se lee el libro de Roth, se darán cuenta de que es un perfecto ejemplo de lo que actualmente estamos viviendo políticamente.

    Roth en su historia mostraba el antisemitismo de los años 40 y la vulnerabilidad de los judíos americanos que escaparon del holocausto en la Segunda Guerra Mundial y la auténtica amenaza histórica que Lindbergh representaba de ganarle a Roosevelt en 1940.

    Pero también, dijo, es una alegoría de nuestros tiempos en el sentido de cómo se juzga hoy a poder.

    “Hoy en día el antisemitismo está resurgiendo porque en cualquier parte en donde se permita la intolerancia se permite el odio”.

  • La película que deberíamos escribir

    Columna publicada en El Universal

    Llevamos décadas viendo en las pantallas del cine imágenes dolorosas y brutales de la violencia que existe en nuestro país. 

    Historias que han reflejado la gran descomposición social que se vive en México y que han causado conmoción. 

    Sin embargo, con tristeza, esta semana comprobamos que lo que hemos visto en la gran pantalla y tanto nos perturba no ha logrado imaginar hasta dónde puede llegar el horror de la realidad. 

    El asesinato de la pequeña Fátima ni el guionista más oscuro hubiera podido escribirlo, no se hubiera atrevido a pesar de ser ficción. 

    Y sin embargo, es una historia que ha ocurrido. ¿Qué tiene que pasar en una sociedad para permitir esto?

    Sobrecoge el corazón y sacude reflexionar respecto al tema. 

    Ahora la pregunta es, ¿hasta cuándo? ¿Será otra muerte de la que hablemos durante días en las redes sociales hasta que ocurra otra y otra y otra más? 

    Si estuviéramos en una película hollywoodense es aquí cuando estaríamos esperando que surgiera el héroe, el respiro en la historia, el giro que nos llevara a un final feliz porque no soportaríamos seguir viendo esta trama si no hay algo de lo que podamos agarrarnos. 

    Aquí es donde viene el trabajo de nosotros como personas y como sociedad de pensar, ¿qué vamos a hacer para darle sentido a estos hechos? ¿Qué acciones, valores, comunidades, asociaciones pueden ser nuestros héroes? ¿Hacia dónde vamos a dirigir todo este dolor? 

    Necesitamos construir nuevos caminos, posibilidades y herramientas. 

    A mí me gustaría escribir un guión para México en donde no haya cabida para la indiferencia ni el egoísmo y a raíz de tocar fondo con este asesinato se viera cómo va surgiendo una fuerza poderosísima que se va haciendo más fuerte que el villano. 

    Una manifestación tan potente de rechazo a lo que ocurre ante la cual los políticos de todos los partidos no puedan hacer más que escuchar. 

    Comunicadores, escritores, celebridades, artistas, empresarios, financieros unidos para desatar una gran campaña contra la violencia que mueva a las personas en masa a sumarse a los pequeños esfuerzos que juntos sean infinitos, en donde todos podamos parar un segundo y saber que esto es urgente, importante y que si no hacemos algo hoy, seguirá pasando. 

    Un proyecto realizado por el experto italiano en infancia, Francesco Tonucci, explicó cómo las sociedades más seguras son aquellas en las que los niños pueden ir caminando solos a sus casas desde el colegio y estar en las calles porque eso indica que hay una comunidad que los cuida, en la que los adultos son confiables y donde si algún chico de la tribu está en problemas alguien sin duda acudirá a ayudarlo. 

    Mi película tendría ese final, el de un México en el que las personas después de tanto dolor han decidido decir basta y crear entornos seguros, en donde una pequeña Fátima al salir de la escuela llega a su casa porque la mujer que le tiende la mano es su protectora. 

    El filme que ya no soporto es el que al terminar nos deja con el nudo en la garganta y el estómago revuelto. 

    La película que tristemente no hemos podido dejar de escribir y ver en nuestras pantallas. 

    ¡Basta ya!