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Este es el espacio de la periodista de Alejandra Musi

Aquí encontrarás un compendio de mis colaboraciones
y coberturas de festivales de cine a nivel mundial.

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  • 2019

  • Hay películas que no saben envejecer

    Columna publicada en El Universal

    Bien decía Iñárritu en la entrevista que me dio en Cannes mientras fungía como presidente del Jurado del prestigioso festival de cine que el tiempo es el único juez verdadero en cuestión cinematográfica pues hasta que las cintas no envejecen no sabes si realmente son obras maestras y merecían ser premiadas.

    No podía tener más razón pues aunque es algo que todos tenemos en la teoría fue algo que me tocó experimentar con claridad hace unos días. El escenario: una escapada a la casa de campo de unos amigos en las afueras de NY en donde tres parejas con hijos nos reunimos. Después de una cena contundente y muchas risas, la noche lluviosa se antojaba para ver una película. Apetecía seguir riendo y después de un par de búsquedas fallidas se me ocurrió elegir una cinta inglesa de 2004 que recordaba como divertida.

    Tras una hora esperando la gran ocurrencia, el chispazo o esa carcajada colectiva me di cuenta de que la trama no sólo no me hacía ninguna gracia sino que incluso habían cosas que me parecían de mal gusto. Mi primera reflexión fue preguntarme si el problema era yo, pues más de una década después, las personas cambiamos, nos endurecemos y ¿por qué no decirlo?, nos amargamos. Pero después de preguntar a mis amigos si les había dado la misma impresión y tras coincidir conmigo en varios puntos llegué a la conclusión de que efectivamente, hay películas hechas para el momento y otras para la eternidad. Filmes que son rompedores en su día y que conectan con la audiencia se quedan vacíos y fuera de contexto después pero hay otros que puedes ver cinco, 10, 20 años más tarde y no sólo siguen vigentes, sino que los vuelves a disfrutar como la primera vez.

    ¿Será que el sentido del humor sufre más con el paso del tiempo que el drama? ¿Las cosas que nos hacen reír dependen del contexto, de lo que nos sacude, nos parece grotesco, diferente o nos genera vergüenza? ¿Depende de la sociedad y de cómo, según ésta cambia, se normalizan cosas que antes eran impensables y cuando eso ocurre nos dejan de parecer graciosas? ¿O esos miedos que antes sentíamos lejanos y de los que nos reíamos empiezan a quedarnos más cerca y entonces, ya no es tan hilarante verlos, aunque sean en una sátira?

    Lo cierto es que cada vez que tengo la fortuna de disfrutar de una buena comedia salgo feliz y agradecida del cine pues es cierto eso que tanto ha defendido Woody Allen —y muchos otros directores— acerca de que es más difícil hacer reír que llorar.

    También esto me rearma una gran verdad y es que cuando una película es redonda permanece, pese a los contextos, las arrugas con las que las vemos y lo fresco o cansado de la mirada.

    No se puede dejar de lado la parte subjetiva porque el cine que nos enamora a final de cuentas es el espejo de los sentimientos que de alguna manera resuenan con nosotros. Hay mucho de tu ADN en todos los filmes que han hecho eco en ti. Cuando las personas te cuenten cuáles son las películas que les han dejado huella pregúntales por qué y tendrás una pincelada de su propio mapa emocional.

  • El juicio a Trump: Merecemos un final a lo Tarantino.

    Columna publicada en El Universal

    El miércoles 13 de noviembre comenzaron las audiencias televisadas del juicio político a Donald Trump. El primer día permanecí pegada a la pantalla las casi seis horas que duró la transmisión siendo testigo de un gran espectáculo histórico y vertiginoso.

    Todo el tiempo tuve la sensación de estar viendo una de esas películas en las que la acción transcurre en una sala en la que los testigos son cuestionados por las partes a favor y en contra del acusado y el guión juega contigo llevándote hacia un lado y otro del péndulo sin tregua. Es curioso lo que ocurre cuando una situación se pone frente a una cámara pues de inmediato adquiere otro carisma, es como si esa distancia entre el espectador y la pantalla de la televisión le diera una cierta sensación de irrealidad a lo que estamos viendo porque todo se convierte en un espectáculo.

    No cabe duda de que esa siempre ha sido la gran baza de Trump, lograr llevarlo todo a ese lugar en el que la agenda no son los hechos, sino lo que se hace parecer de ellos.

    Ante el auge de las fake news algo que ha surgido como contracorriente son las noticias catárticas, sí, las que hablan de lo que nos gustaría que pasara o que de tan absurdas subrayan la realidad. Se me ha vuelto indispensable leer el llamado The Borowitz Report que es el newsletter de The New Yorker que se especializa en parodiar las noticias. “Not the news” es su lema.

    Una reacción ante el espectáculo en el que se ha convertido la política mundial, pues cada vez más los futuros de los países dependen de qué tan histriónico es un político y cómo interpreta a su personaje. El juicio televisado al Presidente de los Estados Unidos es la cumbre de una era hipermediática en la que resulta una paradoja ver cómo lo que Trump más ataca, los medios de comunicación, son precisamente quiénes podrían rescatarlo o hundirlo según se desencadene el “show”.

    No es la primera vez que Estados Unidos asiste a un gran juicio transmitido por televisión. Uno de los casos más famosos fue el de O.J. Simpson en 1994 en donde durante los once meses que duró el juicio se estima que más de 95 millones de personas siguieron las acusaciones y réplicas en vivo y en directo convirtiéndolo en el llamado juicio del siglo.

    Independientemente de cuál sea el resultado de todo este proceso estamos siendo testigos de algo histórico cuyos hechos probablemente veremos en unos años en la pantalla grande. Me gusta fantasear con la idea de que será un proyecto dirigido por alguien como Oliver Stone o Steven Soderbergh.

    Por obvias razones el papel de Donald Trump se lo doy a Alec Baldwin. Mi denunciante ideal sería Daniel Day-Lewis y como algunos de los Republicanos aferrados en demostrar lo contrario y defender al Presidente a toda costa pondría a Liam Neeson, Stanley Tucci o Steve Carell.

    Lo único que pido es un final a lo Tarantino, apoteósico, con catarsis incluida y en donde los corruptos y prepotentes acaben pagando porque si no lo logramos tener en la realidad, nos lo merecemos en la ficción.

  • Lo que se aprende cuando no corres un maratón.

    Columna publicada en El Universal

    Erin Brokovich, Rocky, En busca de la felicidad, Million dollar baby son sólo algunos ejemplos de películas en las que los héroes son seres humanos llenos de defectos y con historias que te hacen sentir que tú también podrías lograr cualquier cosa que te propusieras.

    A lo largo de los últimos diez años he visto correr a mi esposo estas carreras de 42.195 kilómetros en seis ocasiones y siempre me pregunto, ¿por qué lo hará? El entrenamiento es extenuante, no sólo para él sino para toda la familia.

    El proceso también es educativo para los que no lo corremos porque ver lo que va logrando la constancia es muy revelador y te confronta. Me hace pensar en lo que todos seríamos capaces de hacer si aplicáramos esas dosis de disciplina diaria a nuestros sueños.

    Esperar en la meta de un maratón me ha permitido ver a nietos corriendo con sus abuelos, a padres empujando las sillas de ruedas de sus hijos, a grupos de amigos deteniéndose con paciencia cuando a alguien le está fallando el cuerpo pero también a mujeres y hombres solitarios acompañándose a sí mismos.

    Se vuelve algo hipnótico, contagioso y conmovedor ver a un ser humano volcado en algo tan sencillo pero a la vez tan complicado como lo es intentar conquistar lo que se ha propuesto.

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  • El MoMA de NY se reinventa con el cine como hilo conductor

    Columna publicada en El Universal

    Tras cinco años de obras y planeación, el “nuevo” MoMA por fin abrió las puertas de su ala oeste al público esta semana con una renovación revolucionaria, en donde el prestigioso museo de arte moderno le da un espaldarazo al cine convirtiéndolo en uno de los grandes protagonistas del recinto y en el hilo conductor de sus instalaciones y salas.

    Con este proyecto, el famoso museo neoyorquino apuesta por un diálogo más humano y cercano con el espectador.

    “Las películas de Warhol como Blow Job (1964), Kiss (1964) y Sleep (1963) sin lugar a dudas son el verdadero tesoro que el MoMA posee de este artista”, apuntó Rajendra Roy, curador del proyecto y quien agregó que la revitalización del museo responde “a una nueva era en donde no tenemos que golpear a la gente en la cabeza para que entienda que toda la colección que se ve en las salas está relacionada y se comunica de forma interdisciplinaria”

    Es precisamente a través del séptimo arte con el que el MoMA ha buscado acercar a las personas a un diálogo más vivo y humano con el espectador. Un oportuno golpe en la mesa con el que esta prestigiosa Institución le dice al mundo que apuesta por el futuro del cine tan cuestionado hoy en día.

    Todos ellos estarán siempre en comunicación y harán referencia, de alguna forma, a las obras de la sala y lo que se busca con esto es darle al espectador la oportunidad de experimentar las creaciones desde diversas perspectivas y a través de distintos estímulos.

    MÁS ESPACIO EN LAS GALERÍAS

    Es decir, que La noche estrellada (Van Gogh), Las señoritas de Avignon (Picasso), El baile (Henri Matisse), La persistencia de la memoria (Dalí), One (Jackson Pollock), Interior holandés (Miró), La lata de sopa Campbell (Warhol) o Los amantes (Magritte), por mencionar sólo a algunas de las obras maestras, siguen ahí pero en salas distintas y creando nuevos diálogos con las creaciones vecinas.

    El nuevo diseño también logró optimizar los espacios para hacerlos más flexibles y poder contar con una tecnología más sofisticada. Se puede decir que es un MoMA más abierto, más luminoso, recreativo y pensado para poder conquistar a las nuevas generaciones acostumbradas a la simultaneidad de temas.

    Marie-Josée and Henry Kravis Studio es otro nuevo espacio dedicado a los performances en medio de la colección permanente, con un programa que cambiará cada mes; son 2 mil pies cuadrados que convierten a este lugar en el primero dedicado a estas actividades y completamente integrado en un museo desde su galería central.

    OBRAS COMISIONADAS Y UNA NUEVA ADQUISICIÓN

    Desde su fundación en 1929 como una institución educativa, el MoMA se ha enfocado en ser el museo puntero de arte moderno del mundo y es por ello que las renovaciones han sido algo constante e imprescindible desde su creación.

    EL ENORME ACERVO

    Se dice que es imposible saber cuántas de las obras que posee aún no han sido expuestas. La librería y los archivos del museo contienen la mayor concentración de material de investigación de arte moderno en el mundo y cada departamento de curadores mantiene abierto un centro de estudios disponible para los estudiantes e investigadores.